money-2724241__340

La acción de invertir y emprender desde un enfoque acertado

financial-equalization-1015294__340

En todo trabajo profesional, el espíritu emprendedor, la asunción de riesgos y el atractivo de la ganancia económica e inversión siempre han sido inherentes a la naturaleza humana.

Dicha naturaleza concibe toda acción financiera como “trabajo” al relacionarse con un determinado fin propuesto, o en vías de ser fijado. Es decir, en la acción de invertir entran en juego un sujeto activo “el inversor” y uno pasivo “el mercado financiero” también conocido como entorno. La finalidad de la acción de invertir se proyecta tanto en el sujeto activo como en el pasivo o entorno objetivo.  De ahí que toda actividad financiera primero beneficia a la persona y el segundo a la sociedad.

Cuando existe una falta de conexión entre el fin subjetivo (del sujeto activo) y el objetivo (entorno), es decir, alguno de los dos no contribuyen a la mejora de la persona o del entorno se produce un efecto pernicioso para ambos.

De un lado, cuando el individuo busca un fin exclusivo en su actividad de ganancia, de emprendimiento o acción de invertir sin importarle sus repercusiones en el mercado financiero, económico o empresarial el individuo se deshumaniza. Pierde su “sitio” en el mundo. La retroalimentación positiva que el mundo ofrece pasa a segundo plano. No interactúa con el mundo, “usa” el entorno en beneficio propio sin miedo a dañarlo. El entorno en el que vive se desvanece. El individuo crea una propia realidad ajena a lo real, a lo cotidiano. La acción de emprender o de inversión solo mira lo personal, el objetivo es el lucro personal a cualquier precio, saltándose los derechos de los otros que me rodean en mi acción de trabajo. Si por el contrario, la que falla es la dimensión objetiva relacionada con el entorno, en concreto la transformación y la humanización del entorno, el hombre desarrolla su actividad como viviente, pero no como persona, y desaparece el sentido humano de la acción. El trabajo se mecaniza, la acción de emprender e invertir pierde el sentido de interactuar positivamente con el entorno.

Sin embargo, toda acción de inversión o emprendimiento debe estar presidida por la “profesionalidad” de la acción misma. El profesional es conocido como aquel que finaliza “bien” toda acción tanto desde un enfoque subjetivo (beneficio personal) como objetivo (correcta interacción con la sociedad). Ya Aristóteles se refería como “vida lograda” o “vida buena” refiriendo al mejor modo de vivir que ordena el resto de ámbitos de la vida. De ahí que todo emprendedor o bróker financiero debe tener presente ambas perspectivas al mismo tiempo. Esa “vida lograda” se concreta en el esfuerzo por alcanzar la “excelencia” en el modo de orientar los trabajos para vencer la estrecha, reducida y chata visión del fin personal para dar un salto de calidad y contribuir decisivamente a la mejora de la sociedad a través del esfuerzo y empeño por salir de uno mismo hacia la búsqueda del “necesario” fin objetivo.

Solo cuando nuestra acción de invertir o emprender repercute positivamente en otras personas, podemos decir que estamos realmente insertados en el mundo, en nuestra comunidad, en nuestro círculo profesional.  Entonces es cuando actividades financieras tan denotadas a lo largo de los siglos como; especulación, enriquecimiento, ganancia, etc, encuentran su lugar en el mundo y nos ayudan a crecer como persona. En este tránsito de lo personal a lo social la ética juega un papel esencial. No solo para llegar a ser una referencia en el mercado laboral y financiero sino para llegar a un alto estado de felicidad en el trabajo cotidiano que desempeña. Pero de esto hablaremos en la siguiente colaboración…….

________________________________________________

Rafael Robina Ramírez

Profesor de la Facultad de Empresa, Finanzas y Turismo

Universidad de Extremadura

Last modified: abril 24, 2018

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *