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De Coria a Aldeanueva de la Vera

Written by | Estilo de Vida

Rutas que nos impulsan

El norte de Extremadura es siempre un lugar al que acudir en cualquier época del año. Pero en primavera alcanza su mayor expresión con esos millones de cerezos que florecen entre marzo y abril en el valle del Jerte.

Con la excusa de acercarnos a ver la grandiosa nevada con que sorprenden los cerezos podemos además conocer otros rincones menos conocidos de este pórtico que conforman, junto al Jerte, La Vera, Plasencia, Coria y Las Hurdes. Lo hacemos de la mano de María José Iglesias, cauriense, y de Montaña Hurtada, cacereña.

Nuestro recorrido lo iniciamos en la antigua Caurium, hoy Coria. “Es un pueblo con mucha historia y goza de mucha tranquilidad” afirma María José a quien acompañamos en un paseo intramuros. El primer monumento de nuestra visita debe ser el museo de la catedral -el templo está cerrado por obras hasta el mes de junio-, “y su pieza más destacada: el mantel de la Sagrada Cena”.

El primer monumento de nuestra visita debe ser el museo de la catedral -el templo está cerrado por obras hasta el mes de junio-, “y su pieza más destacada: el mantel de la Sagrada Cena”.

Esta tela ha sido admirada a lo largo de siglos. En el XV el Papa declaró su autenticidad y era expuesta públicamente desde el balcón de la catedral cada 3 de mayo. Los últimos estudios que le han sido realizados por un equipo de la Nasa han llegado a concluir que tiene las mismas dimensiones que la Sábana Santa de Turín y que ambos lienzos podrían haber sido utilizados conjuntamente en la Última Cena.

En la más famosa representación de Leonardo da Vinci, el mantel sobre el que se dispone la escena de Jesús y los apóstoles contiene los mismos motivos decorativos en bandas azules que el lienzo que se conserva en Coria. Una vez recorrida la sede catedralicia, “lo mejor es pasear por la ciudad amurallada, salir por la Portona de la Guía y bajar por la calzada romana hasta el puente sin río y de ahí seguir en paralelo a la orilla del río Alagón. Desde ese lugar se ve la magnífica estampa de la catedral y del Palacio de los Duques de Alba”. En la vega del Alagón podemos comer en el Restaurante Percor, que ofrece tapas y raciones sobresalientes como su burguer bull de rabo de toro, pan de cristal de bacalao y mahonesa de macadamia, carnes ibéricas, arroces y especialidades como chipirones caramelizados rellenos de cerdo. Los fines de semana tienen un menú por dieciséis euros. El vino nos lo recomienda María José: “cualquiera de Pago de Los Balancines o un Habla del Silencio”.

Desde Coria emprendemos nuestra ruta hacia el norte, hacia Las Hurdes.

La vega del Alagón nos permitirá estirar las piernas después de comer y prepararnos para continuar nuestro viaje siguiendo el consejo de María José: “viajar abre la mente, siempre aprendes y te llevas algo, coges ideas, disfrutas del lugar, de la arquitectura y la historia; descubres y te trasladas a épocas pasadas y también ves lo afortunados que somos de vivir en esta tierra”. Desde Coria emprendemos nuestra ruta hacia el norte, hacia Las Hurdes. La primera parada, como nos sugiere Montaña Hurtado, será Pinofranqueado, puerta de entrada a esta comarca legendaria. Desde allí nos dirigiremos a Ovejuela, “lugar ideal para hacer senderismo”. Esta alquería hurdana es un buen ejemplo de la popular arquitectura negra, en la que predomina la pizarra. Montaña, gerente de una empresa constructora, afirma “que te das cuenta que todo lo que son nuestras vidas pasa por las construcciones: somos una pequeña parte de una gran construcción y formamos una pequeña parte de la historia”.

Un paseo breve nos llevará hasta el chorrito de Ovejuela, un espectacular salto de agua. Pasamos la noche en el pueblo que cuenta con magníficos alojamientos como la Casa Rural El Chorritero. Al día siguiente nuestra ruta nos va a llevar de nuevo al río Alagón y al más llamativo de sus meandros, el conocido como El Melero, en las cercanías de la localidad de Riomalo de Abajo. Lo ideal es llegar hasta el mirador de La Antigua para apreciar esta maravilla de la naturaleza en toda su extensión. La marcha sigue ahora hacia el sur, cerca del cauce del Alagón para cruzarlo un poco más allá de Guijo de Granadilla y encontrarnos con el yacimiento romano de Cáparra.

De la antigua ciudad que fue un gran nudo de comunicaciones en plena Vía de la Plata ya solo queda en pie un magnífico arco y toda la capacidad de evocación que tiene este lugar rodeado de dehesas. Luego podemos seguir nuestra ruta cruzando hacia La Vera por las localidades de Villar de Plasencia, Cabezabellosa y El Torno. Lo haremos por carreteras de montaña atravesando bosques de castaños y robles y divisando las flores blancas de los cerezos. En La Vera nos espera Jarandilla y su parador de turismo, antiguo palacio de los Condes de Oropesa, en el que se alojó Carlos V mientras terminaban de acondicionar la que sería su última morada en el cercano Monasterio Yuste. Por su parte, María José nos recomienda en Aldeanueva de la Vera la Casa Rural Puerto del Emperador, un restaurante en el que probar las migas veratas o su caldereta de cabrito.


El Cuaderno de Viaje de:


 

Last modified: mayo 17, 2017